Informe emitido hoy en #DetrásdeloqueVemos (Radio del Plata AM 1030 - Lunes a Viernes de 12 a 14 Hs)
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#AdiosGabo 1927-2014
Publicado por Fernando Candeias en 10:03 p.m. Etiquetas: audio, garcia marquez, letras, muerte, radio, videoInforme emitido hoy en #DetrásdeloqueVemos (Radio del Plata AM 1030 - Lunes a Viernes de 12 a 14 Hs)
Hasta Siempre Comandante
Publicado por Fernando Candeias en 7:00 p.m. Etiquetas: Hugo Chávez, muerte, podcast, radio cooperativa, VenezuelaEl tributo de Apple a Steve Jobs
Publicado por Fernando Candeias en 7:23 p.m. Etiquetas: muerte, videoChau Juan Alberto, hasta pronto!
Publicado por Fernando Candeias en 5:19 p.m. Etiquetas: Badia, muerte, podcast, radio, televisionProponer un juego de introspección sería algo, tal vez, interesante para hablar de Beto o, quizá, para meternos un poquito en su atmósfera. Vayamos al minuto 3:11 de este link y pongamos play.
"Badia fue el último correcto de los incorrectos", dijo Lalo Mir en una charla con la Negra Vernaci, el aire y la audiencia fueron testigos, lo definió de una manera contundente, profunda y gráfica.
"Yo, muchas veces, cuando firmo autógrafos pongo: 'por tus sueños', yo le doy mucho valor a los sueños. Esta es una etapa muy especial de mi vida, yo he cumplido casi todos los sueños que me he propuesto, pero por ahora mi sueño es saber porqué y para qué Dios quiso que siga viviendo. Eso me gustaría saberlo porque entonces emprendería, en lo que resta de mi vida, solamente ese camino", este concepto se dio cuando Juan Alberto Badia grabó "Ese amigo del alma", allí recitó un hermoso poema de María Elena Walsh escrito especialmente para el disco "Viento Sur" de Lito Vitale, sobre el final arrojó ese pensamiento que sintetiza su valor de los sueños.
Admirador de Los Beatles, fue el único periodista argentino que entrevistó a dos de los cuatro: George Harrison y Paul Mc Cartney y sobre esto, el periodista Diego Gualda hizo una analogía más que interesante en una nota publicada en Exitoína: ""Cuando esté viejo y empiece a perder el pelo ¿aún me vas a enviar regalos de San Valentín, tarjetas de cumpleaños y una botella de vino?”. La pregunta se la hacía Sir Paul McCartney en 1967, en la letra de la canción “When I’m sixty-four” (cuando tenga sesenta y cuatro). El Beatle apenas había cumplido los 25 y, sin embargo, con toda el agua corrida bajo su propio puente, del orígen humilde en Liverpool al estrellato absoluto -y a estar componiendo, justamente en ese momento, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, uno de los discos fundamentales de la historia del rock-, ya había madurado lo suficiente como para hacerse un planteo de lo más existencial: ¿Vas a estar conmigo el día que sea viejo?", Badia emprendió su viaje, justamente, a los 64 años y su historia se volvió a entrelazar con Los Beatles.
Dejó una dedicatoria sentida en la última entrega de los Premios Martín Fierro, con mucho para desmenuzar y para re-escuchar. Dejó un hermoso saludo navideño en JabRadio. Dejó a disposición de los estudiantes de periodismo una entrevista que sirve de ejemplo. Dejó JabRadio con mucho de su archivo digitalizado.Tuvo un espacio dedicado en la sección "Al Aire" de este blog. Pero sobre todas las cosas dejó enseñanzas, imagenes de radio y material para escuchar y re-escuchar. ¡Beto querido! seguirás soñando, seguirás creciendo, seguirás creando algún día podremos verlo (o escucharlo)... buen viaje, hasta pronto!
"Badia fue el último correcto de los incorrectos", dijo Lalo Mir en una charla con la Negra Vernaci, el aire y la audiencia fueron testigos, lo definió de una manera contundente, profunda y gráfica.
"Yo, muchas veces, cuando firmo autógrafos pongo: 'por tus sueños', yo le doy mucho valor a los sueños. Esta es una etapa muy especial de mi vida, yo he cumplido casi todos los sueños que me he propuesto, pero por ahora mi sueño es saber porqué y para qué Dios quiso que siga viviendo. Eso me gustaría saberlo porque entonces emprendería, en lo que resta de mi vida, solamente ese camino", este concepto se dio cuando Juan Alberto Badia grabó "Ese amigo del alma", allí recitó un hermoso poema de María Elena Walsh escrito especialmente para el disco "Viento Sur" de Lito Vitale, sobre el final arrojó ese pensamiento que sintetiza su valor de los sueños.
Admirador de Los Beatles, fue el único periodista argentino que entrevistó a dos de los cuatro: George Harrison y Paul Mc Cartney y sobre esto, el periodista Diego Gualda hizo una analogía más que interesante en una nota publicada en Exitoína: ""Cuando esté viejo y empiece a perder el pelo ¿aún me vas a enviar regalos de San Valentín, tarjetas de cumpleaños y una botella de vino?”. La pregunta se la hacía Sir Paul McCartney en 1967, en la letra de la canción “When I’m sixty-four” (cuando tenga sesenta y cuatro). El Beatle apenas había cumplido los 25 y, sin embargo, con toda el agua corrida bajo su propio puente, del orígen humilde en Liverpool al estrellato absoluto -y a estar componiendo, justamente en ese momento, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, uno de los discos fundamentales de la historia del rock-, ya había madurado lo suficiente como para hacerse un planteo de lo más existencial: ¿Vas a estar conmigo el día que sea viejo?", Badia emprendió su viaje, justamente, a los 64 años y su historia se volvió a entrelazar con Los Beatles.
Dejó una dedicatoria sentida en la última entrega de los Premios Martín Fierro, con mucho para desmenuzar y para re-escuchar. Dejó un hermoso saludo navideño en JabRadio. Dejó a disposición de los estudiantes de periodismo una entrevista que sirve de ejemplo. Dejó JabRadio con mucho de su archivo digitalizado.Tuvo un espacio dedicado en la sección "Al Aire" de este blog. Pero sobre todas las cosas dejó enseñanzas, imagenes de radio y material para escuchar y re-escuchar. ¡Beto querido! seguirás soñando, seguirás creciendo, seguirás creando algún día podremos verlo (o escucharlo)... buen viaje, hasta pronto!
Podcast
Programa: La Garcia
Radio: Cooperativa AM 770
El recuerdo para Juan Alberto Badia
Murió Juan Alberto Badia
Publicado por Fernando Candeias en 1:00 a.m. Etiquetas: Badia, muerte, radio, televisionDe Pergolini a Spinetta - Vía: #Vorterix
Publicado por Fernando Candeias en 9:47 a.m. Etiquetas: mario pergolini, muerte, musica, podcast, vorterixAquellos que sentimos una gran pasión por la radio queremos escuchar TODO cuando nos encontramos con noticias como esta. Se fue el Flaco Spinetta, muchos dirán que a un lugar mejor, quién sabe. Nos quedaremos con su obra, cada acorde flotará y traerá consigo recuerdos de infacia y de esperanza.
Vorterix, al poco tiempo de conocerse la triste noticia, modificó su portada y se la dedico al Flaco, sin golpes bajos, con contundencia. Circuló su música y hoy, a minutos de este post, Mario Pergolini, con voz quebrada, lo recordó.
Vorterix, al poco tiempo de conocerse la triste noticia, modificó su portada y se la dedico al Flaco, sin golpes bajos, con contundencia. Circuló su música y hoy, a minutos de este post, Mario Pergolini, con voz quebrada, lo recordó.
Luis Alberto Spinetta 1950 - 2012
Publicado por Fernando Candeias en 10:47 p.m. Etiquetas: muerte, musica, videoLa carta de Diego Armando Maradona a Doña Tota
Publicado por Fernando Candeias en 6:52 p.m. Etiquetas: deportes, futbol, muerte"Quiero agradecer a la gente por el minuto de silencio en los estadios con todo el respeto. Al fútbol argentino y mundial. También los llamados de condolencia, desde nuestra presidenta, hasta los vecinos de Villa Fiorito de los primeros tiempos. Sé de las personas amigas que sufren conmigo, en silencio, la partida de mi madre.
Gracias a la gente de Boca y al Sr. Riquelme por haber suspendido su merecido homenaje, esperando que pronto le sea cumplido. A mi papu, hermanos y sobrinos que amo. ¡Vamos a estar mas unidos que nunca!.
Se fue mi novia, mi reina, pero en mi corazon late su nombre. ¡Te amo, Tota! Para toda la vida. ¡Nos vemos en el cielo, mamá!". [Diego Armando Maradona]
Murió Doña Tota (1930 - 2011)
Publicado por Fernando Candeias en 7:00 p.m. Etiquetas: diego maradona, muerte, podcastNunca Más - Informe de la Conadep - Septiembre de 1984 / Por: Ernesto Sábato
Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura».
No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.
Nuestra Comisión no fue instituída para juzgar, pues para eso estan los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.
Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria.
De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de «excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores» . Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia» , revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.
Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban «zona libre» a las comisarías correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzanas y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto de comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonad toda esperanza, los que entrais».
De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra - ¡triste privilegio argentino! - que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.
Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus ¦ldas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbres y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inutiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa.
En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a justificar el horror: «Por algo será», se murmuraba en voz baja, como queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimientos sin embargo vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los «subversivos», con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada, porque el epiteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible. En el delirio semántico, encabezado por calificaciones como «marxismo-leninismo», «apátridas» , «materialistas y ateos» , «enemigos de los valores occidentales y cristianos» , todo era posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esosamigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos, en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores.
Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita verguenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza.
De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.
Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua, porque debimos recomponer un tenebrosos rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado liberadamente todos los rastros, se ha quemado toda documentación y hasta se han demolido edificios. Hemos tenido que basarnos, pues, en las denuncias de los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del infierno y aun en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron a nosotros para decir lo que sabían.
En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de «la guerra sucia» , de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente.
Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crimenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo.
Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Unicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.
El Impresentable por Juan Sasturain
Publicado por Fernando Candeias en 11:20 a.m. Etiquetas: editorial, muerte, nestor kirchner, periodismo, politicaHablo/escribo con la impunidad que da la noche demorada del día del censo y el silencio masticado de muchas horas sin querer hablar en caliente de lo que (nos) pasó ayer. No conocí a Kirchner: lo voté y lo iba a volver a votar si se presentaba el año que viene. Me parece que era –con todas las diferencias e incomodidades que uno, que no está en la política, tiene– lo mejor para el país real, el país de las opciones concretas. Así que, con permiso y todo el dolorido respeto, voy a ser incorrecto. Sincero, quiero decir.
Me acuerdo del primer chiste malévolo que escuché sobre Kirchner, cuando crecía, antes de ser presidente y ya se asomaba Cristina a su lado: “¿Sabés cómo le dicen a Kirchner? Ciervo embalsamado. Porque es cornudo y con un ojo de vidrio”. No sé si este chiste basura es conocido, si circuló. Supongo que sí. Resulta ejemplar para recortar ideología y estatura moral de quienes lo pergeñaron. Imperfecta, como todas las falsas atribuciones de apodo sustentadas en comparaciones de ese tipo, la referencia tenía la perversa eficacia de trabajar sobre el sentido común machista de la mina vistosa e inteligente al lado de un flaco feo –virola, para colmo– y con una pinta de loser que mataba. Un sujeto que era –marketineramente, digamos, perdonando la palabra– absolutamente impresentable. Y lo notable, ejemplar, festejable hasta hoy incluso, con la lástima y el dolor al día, es que ese supuesto impresentable y la mina que lo acompañaba los abrocharon. Largamente. Y cómo.
Me acuerdo cuando los radicales le arreglaron hace (¿veinte?) años los dientes al pobre Casella para una elección que perdió; me acuerdo –en los noventa– de los afeites, el gato ineficaz y la avispa del Turco perverso. La moraleja es tan obvia que da hasta pudor explicitarla: saludablemente, acá todavía no siempre gana el marketing. Ni los medios. Me acuerdo, hace unas semanas nomás, de Kirchner metido en la pilcha de El Eternauta en los afiches callejeros después de zafar de una anterior a ésta en que no zafó. Qué bárbaro... Narigón irremediable como el mismísimo Oesterheld, que también ha sido enfundado en su momento por Solano en el traje de Juan Salvo, el Néstor (o lo que generaba en la gente joven su liderazgo) primereaba una vez más a la lentejísima oposición y se apropiaba con toda justicia de un ícono ejemplar del siglo.
Vuelvo ahora a lo que fue la previa a las elecciones de 2003, con el padrino Duhalde buscando quien agarrara la candidatura, con Lole & Co. (una vez más) sacándoles el cuerpo a las responsabilidades, con un país en la lona y sin futuro, una papa caliente sin nada que ordeñar... El impresentable debe haber sido el tercero en la lista de los posibles contrincantes del Turco con la misma devaluada camiseta. Y allá fue. A propósito: ¿Alguien se acuerda de que Menem ganó, fue primera minoría con casi un cuarto de los votos en esa elección a la que renunció a la hora del ballottage? Memoria, plis: este flaco muerto todavía tibio arrimó apenas algo más del veinte por ciento de los votos –segundo, cómodo–, con el nefasto abanico de López Murphy, Rodríguez Saá y Carrió detrás, todos parejitos. Con ese capital electoral miserable –el ilegítimo Illia, cuarenta años antes, juntó lo mismo que el Turco, pero no había segunda vuelta entonces–, con ese misérrimo porcentaje, digo, que además “era-de-Duhalde”, construyó a contrapelo de expectativas y pronósticos agoreros de ser un dócil Chirolita, su propio proyecto político, que es lo más parecido a lo que veníamos esperando desde el regreso a la democracia. Y lo hizo desde la carencia, pero con una vocación de poder y capacidad de construir que hoy, los alcahuetes y/o los cínicos enemigos del proyecto que encarnó y encarna, atribuyen (ecuánimemente) a sus respetables cualidades de “animal político”.
Y es cierto. Pero Kirchner no sólo ha sabido hacer política mejor que los otros en esos términos pragmáticos (acumular fuerzas, aislar al adversario, pegar primero, tomar siempre la iniciativa), sino que la ha hecho con una dirección y un sentido genuinos, porque siempre sentimos, incluso cuando no lo acompañamos, que creía en la política –no como los economistas tecnócratas del liberalismo o los empresarios colados, que sólo creen en la lógica de la empresa o los números de los balances–, que creía en y hacía política como instrumento de cambio, como medio de acceder al gobierno para poder modificar las relaciones con el poder fáctico, y no para servirlo.
Pero yo no quería hablar de eso. Quería hablar de su magnífica condición impresentable. Y terminar con tres rasgos que cualquier imbécil asesor de imagen o de verso equivalente despreciaría: las biromes berretas con que firmaba decretos y rubricaba acuerdos; el traje cruzado fuera de moda y oportunidad, siempre; la tendencia –memorable, desde el primer día, a la salida del Congreso– a zambullirse entre la gente, sacado, regalado.
La verdad, digan lo que digan, Kirchner ha sido un regalo. Generoso, cursi, incómodo, como un velero hecho de caracoles de mar puesto sobre la repisa de la patria. Uno piensa que es para tirar y resulta imprescindible, verdadero, necesario.
Lo vamos a extrañar.
El show debe continuar
Publicado por Fernando Candeias en 10:56 a.m. Etiquetas: deportes, muerte, nestor kirchner, politica, ticespor
(Por: Fernando Candeias para Ticespor) En 1991 se lanzó el disco Innuendo, allí Queen firmó un tema que, con el tiempo, se convertiría en himno: “The Show Must Go On”.
Cuando dicha canción se escribió, ya se sabía que Freddy Mercury tenía sida. Su cuerpo empezaba a dar señales de lo que estaría por llegar, pero dejo un claro mensaje; el espectáculo debía continuar.
Cuando se conoció la noticia del fallecimiento del ex Presidente de Argentina, Néstor Kirchner, las muestras de acompañamiento llegaron desde distintos planos: el internacional, el del espectáculo, el político y el deportivo, por citar algunos.
Hace unos años, en una entrevista televisiva, el ex Presidente declaraba: “Cuando era chico jugaba al básquet, al fútbol y al vóley… me hubiese gustado jugar bien a las tres cosas”. El tiempo lo condujo al camino de la política y la militancia aunque siempre, el deporte, estuvo presente.
Integró el equipo de básquet de su colegio secundario, el Nacional República de Guatemala de Río Gallegos, “no jugaba nunca” llegó a confesar. Era un reconocido hincha de Racing, sentimiento compartido con Juan Domingo Perón.
Carlos Tuñón, amigo de la infancia de Néstor Kirchner, lo pintó de cuerpo entero: “Era el personaje del equipo. Cuando había que calentar al rival, entraba. Hacía jugadas al estilo de los Globetrotters y los adversarios se enervaban... Y las hinchadas rivales también”.
El anecdotario deportivo lo enmarca como pícaro… o tramposo, cuentan que en un amistoso ante un conjunto chileno, el equipo de Néstor estaba un punto arriba en el marcador a escasos segundos del final; un jugador trasandino tomó la pelota y cuando se iba sólo hacia el aro rival, Kirchner saltó de la banca y lo abrazó evitando la conquista. Resultado final del encuentro: suspendido por gresca generalizada.
“Lupo” lo llamaban en la intimidad de Río Gallegos por su semejanza con un personaje de historieta, cuentan que era vehemente y combativo.
En una nota publicada por el diario Ámbito Financiero, Emilio García Pacheco, ex docente de Botánica y Geografía durante el paso del ex Presidente por el colegio secundario, recordó: “No jugaba bien al básquet porque era incoordinado, aunque tenía una misión clave como era tomar los rebotes en defensa y pasar la pelota al que tuviera más cerca, antes de tratar de hacer lo mismo en ataque. Una vez que conté aquella anécdota en público, me llamó y me dijo qué macanas había estado diciendo. Después se rió y agregó: 'te voy a confesar algo, lo escuché y me hiciste lagrimear'".
Realmente se hace difícil escribir y mantener un hilo conductor cuando uno mira por la ventana y ve una plaza iluminada, llena de silencios, llena de banderas, con balcones que espían (luz tenue mediante). Con algún nostálgico que saborea un amargo y con el desfile de una columna interminable que no cesa. Por allí, una abuela sentada en un banco acaricia una flor con la mirada perdida en… quién sabe dónde. Allá al fondo ¿escuchás? el himno… suena con un coro improvisado, a capella y de a poquito se van sumando. Allí está la Argentina, de pie, acompañando porque el show debe continuar.
Así reflejaron la muerte de Néstor Kirchner los diarios del mundo
Publicado por Fernando Candeias en 8:37 a.m. Etiquetas: medios de comunicacion, muerte, nestor kirchner, periodismo, politicaLa noticia del fallecimiento del ex Presidente Néstor Kirchner circuló rapidamente en los diarios del mundo y hoy lo reflejaron en sus tapas.
Homenaje a Néstor Kirchner
Publicado por Fernando Candeias en 12:52 a.m. Etiquetas: muerte, nestor kirchner, politica, videoEl gobierno nacional, a través de su canal de Youtube, le rindió homenaje al ex Presidente de la Nación Dr. Néstor Carlos Kirchner con un sentido video.
Murió el ex Presidente Néstor Kirchner
Publicado por Fernando Candeias en 10:00 a.m. Etiquetas: muerte, nestor kirchner, politicaLa jornada de trabajo en el día de hoy fue intensa, pero a pesar de ello queremos dejar nuestras condolencias y acompañamiento a la Presidenta de la Nación y a su familia en el día de fallecimiento del ex Presidente de la Nación Dr. Néstor Carlos Kirchner.
Murió Hugo Guerrero Marthineitz
Publicado por Fernando Candeias en 2:12 p.m. Etiquetas: muerte, radioEl accidente que causó una muerte en la previa de los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010
Publicado por Fernando Candeias en 1:02 p.m. Etiquetas: deportes, juegos olimpicos, muerte, video
Se trataba del participante georgiano de 21 años, Nodar Kumaritashvili. Estaba rankeado 44º del mundo en el deporte que practicaba, luge. Se estima que en el momento del accidente Kumaritashvili iba a unos 145 kms/h sobre una pista que está considera la más rápida del mundo. Más de una docena de atletas se han accidentado allí durante la preparación olímpica.
Es la primera víctima mortal desde 1992; los juegos continuarán y los homenajes y el luto se hicieron presentes en la ceremonia de apertura.
Es la primera víctima mortal desde 1992; los juegos continuarán y los homenajes y el luto se hicieron presentes en la ceremonia de apertura.
La casa de Sandro y los homenajes de su gente
Publicado por Fernando Candeias en 10:30 a.m. Etiquetas: muerte, musica, video
En el día de ayer estuve por Banfield y pasé por la casa de Sandro. Me llamó la atención la muestra de afecto de su gente: flores, cartas, fotos y libros forman parte del decorado de su casona de la calle Beruti, a media cuadra de la Av. Pavón.Acá les dejo un video, celular mediante, del frente de su casa. Ya se dice que en un futuro puede transformarse en una suerte de museo.
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